#07 Malasia/ Melaka-Kuala Lumpur

Tras adaptar nuestro cerebro al ruido y las luces de las bicicletas de colores pensamos que estábamos preparades para encarar la capital. Como salir de una ciudad y llegar a otra a dedo suele ser más difícil, decidimos ir con transporte público. Pensarán que después de la última experiencia no nos deberían quedar ganas, pero se equivocan. Allá íbamos en busca de nuestra revancha.

Todo salió como lo esperado y llegamos a Kuala Lumpur al mediodía. Caminamos hasta el tren que nos llevaría a casa de Nazir, nuestro anfitrión de couchsurfing que nos recibiría esa y una noche más. 

En el camino no pudimos evitar pensar en la frase del Plan de la Mariposa “el hambre huele a ciudad”, nos cruzamos con varias personas pidiendo comida, dinero o lo que sea que se caiga en sus cuenquitos. En fin, la por todes conocida, desigualdad. 

Nuestro anfitrión nos recogió de la estación del tren, nos llevó a su casa para dejar las mochilas, luego a comer a un shopping, uno de los millones que hay en la ciudad. Si bien no son de nuestro mayor agrado este tipo de lugares, son un gran aliado para hacerle frente al calor y la humedad local. La comida fue en la linea de todo nuestro viaje, deliciosa. Comimos un arroz con vegetales cada une y compartimos una sopa, la cual curiosamente traían el caldo a la mesa junto con los ingredientes crudos y nosotres acabamos de cocinarla. Esta no iba a ser la única sorpresa del lugar, nuestra camarera fue un robot, con uniforme de trabajo y todo… “el futuro llegó, hace rato”.




Con la panza a punto de perder un par de puntos de costura y el botón del pantalón, si lo tuviera, a punto de salir disparado como un misil, volvimos hacia casa de Nazir. 


Selfie con Nazir en las torres gemelas.


Ni bien llegados a su casa, sacó un plato con facturas o pastas, dependiendo desde donde nos lean, no entendíamos si planificaba comernos tras dos días o si comía como rugbier en ayuno intermitente. No lo descubriríamos en nuestro tiempo compartido… 


Desayuno cumpleañero.


Al día siguiente fue mi cumpleaños. Como regalo, Nazir nos llevó a Batu Caves, una cueva milenaria donde hace poco mas de 100 años hicieron un templo hindú, o varios mejor dicho (14). El templo era imponente desde fuera, una figura de Murugan (Dios de la guerra, hermano de Ganesha) enorme protegía la cueva, y una escalera de 272 escalones, colorida y sin fin te guiaba hacia el interior de la misma. La extensión de la escalera y el lugar al que llegabas simboliza que eres mas pequeñe que los dioses. En medio de la escalera había atracadores que robaban cualquier cosa que llamara su atención, bolsas de plástico con comida, rosas (habitual ofrenda hindú a sus dioses) o alguna botella con líquidos coloridos, una vez obtenido su botín, corrían o trepaban en busca de un lugar donde degustarlo. Estos agradables rufianes no eran ni más ni menos que monos, macacos, monkeys. En mi opinión ellos son parte esencial del templo y simbolizan el despojo de lo material previo al ingreso al templo.


Entrada a la cueva con su Dios protector

Interior de la cueva


Otros templos con sus respectivos dioses.


La religion hindú, pese a ser politeístas, suele tener cada persona un Dios de referencia al cual rezar.

Una vez terminada nuestra visita al templo, fuimos rumbo al centro de KL donde conoceríamos las famosas torres gemelas, las cuales se jactan los locales que son los edificios gemelos más altos del mundo, la verdad es que no lo sabemos, pero creemos que el atentado del 11/09/01 allanó un poco el camino… ah por cierto, las diseñó una arquitecta Argentina. (No solo exportamos futbolistas y soja).

Tras el breve paseo fuimos al frío centro comercial en busca de aliviar el sofocante calor. Nos encontraríamos con Cathy, otra chica local con la cual había contactado Fabienne vía CS. 


Diseño por deepavali dentro del centro comercial.


Tras comer, Cathy fue la indicada para llevarnos a conocer la historia de la ciudad y la profundidad del barrio chino de primera mano, ya que es descendiente directa de Chinas.

Caminamos, caminamos y caminamos, la ciudad, la historia de la bandera, centro antiguo, iglesias, templos, museo de arte contemporáneo y todo eso con datos de color que si no fuera por ella nos perderíamos entre el ruido de la ciudad. 


Mural que representa la niñez en China. Los niños juegan, las niñas tenían prohibido salir de casa. Machismo presente sin importar la cultura ni el país.


Agotades tras tanto movimiento volvimos a casa de Nazir donde nos recibió con un Ratatouille, que de malayo no tiene ni el nombre pero que estaba bueno.

Un cumpleaños donde desayunamos comida española y tomamos un mate, a media mañana visitamos un templo hindú, almorzamos comida de India, vimos el edificio más importante de Malasia, a la tarde nos sumergimos en un trozo de China y terminamos cenando comida francesa y tomando té al estilo turco. La magia del viaje. 


Por la comida no se preocupen 

Al siguiente día cambiábamos de anfitrión, era el turno de Lina, una chica que había contactado a Fabienne por CS y prometía ser una host muy diferente a Nazir. 

Y así fue, llegamos a su casa, un condominio privado (edificio con departamentos de alquiler pero con instalaciones comunes como piscina, gym, sauna y demás). Tras la intensidad de los días previos, necesitábamos descansar. El primer día con Lina compartimos una comida y un rato de charla en donde a pesar de su apertura social se veía con claridad cierta falta de profundidad en las conversaciones y las consecuentes contradicciones, pero risas no faltaban. 

Al día siguiente fuimos en busca del gas para nuestro camping gas, caminamos por toda Kuala Lumpur y llegamos a conseguirlo. Entremedio una pausa para tomar un mate, miramos alrededor de las calles céntricas con ausencia de parques y decidimos expropiar las mesas del exterior de una internacional cadena cafetera que no nombraremos porque no hace falta mayor marketing. Lo expropiamos con visible argentinidad (después de no haber comido un alfajajor en 1,5 años en Cataluña, encuentro un havanna 70% cacao en casa de Lina) desconociendo la excelsa delicia que le habían regalado, nos ofreció comérnosla, lo cual a juzgar por las fotos fuimos evidentemente incapaces de rechazar.



Síganos para expropiar su cadena de comida mas cercana. Cursos con y sin argentinidad.



Volvimos a la casa de Lina con un dedo de una mujer filipina que nos acercó hasta la parada del tren porque al preguntarle en dónde se encontraba, aseguró que iba en dicha dirección. Durante el viaje nos deleitó con algunas palabras en español y fuimos entre risas y buena onda por 10 minutos. 

Al llegar a casa de Lina por la tarde, disfruté un rato de la pileta y el hidromasaje para recuperar un poco de la larga caminata…

Esa noche, cocinamos una tortilla de papas y Lina preparó un arroz frito de los menos ricos del viaje pero valoramos el gesto igualmente. 

Al despertar, hicimos yoga en la “yoga room” y desayunamos al costado de la lujosa pileta para descansar e iniciar viaje hacia nuestra tercer y última parada en KL, la casa de Cathy, pero hay tanto hilo que cortar y tanto camino transitado en este post que lo dejamos para el próximo. 

Gracias por llegar hasta acá y nos leemos en el próximo escrito…

Comentarios

  1. Excel·lents relats. Petonets i seguiu gaudint de l’aventura

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  2. Me gustaria ver foto de la pileta 😁😁

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