#06 Malasia- Tioman; Mersing; Melaka


 Tras una noche seca, nos levantamos bien temprano, comimos, descomimos y emprendimos caminata hacia el ferry que nos llevaría hasta tierra firme. Nuestro día empezó 6:00 a.m., este dato será vital en el transcurso de este artículo.

Tomamos el ferry y entendimos por qué el primer día vimos extranjeros con abrigo pese el calor y la humedad que se suda en el lugar. El aire acondicionado estaría entre 6 y 7 °C… Es broma, los aires no llegan a tan poco, y menos mal porque si no esta gente lo probaría.  

Llegamos a Mersing 12:30, con cosas por hacer y ganas de darle otra oportunidad a la culinaria de la ciudad y con la seguridad de que peor, no podía ser.

La decisión fue hecha bajo los parámetros de selección habitual, en criollo, donde están los locales y no alcanzan las dos manos para contarlos.

La elección fue comida india y no fallo. Bueno, bonito y barato. Tras la comida y el corazón contento, salimos en busca de un pasto con sombra, chequeamos que no hubiera ningún Edificio presidencial y nos echamos a descansar esperando la hora del colectivo, que salía 16:30 y duraba cuatro horas y media.

Cuando se acercaba la hora nos acercamos a la estación. Poco movimiento, dos buses, uno nuestro y otro a la capital. Había unas chicas extranjeras, que Fabienne identificó como alemanas, pero no interactuamos, viajaban con maleta con rueditas, nosotros no nos mezclamos con la aristocracia… Es broma, aceptamos a todes quiénes se animen a la aventura.

Subimos al bus, bas en malayo (una de las tantas palabras que apropiaron del inglés y la escriben al mejor estilo Carlos Tevez, otras son: Julai, ogos, farmasi, teksi y polis, entre muchas mas). Retomando, subimos al bus y nos sentamos, pasan unos minutos de la hora programada y nada, no es que pretendamos puntualidad suiza, sino que hacía más calor que en el infierno. (36 grados marcaba el termómetro) 


Finalmente se empieza mover y la esperanza de que el aire se encienda, se renueva… Pero duró menos que un suspiro. De la planta alta baja una voz de pasajera reclamando el aire, a lo que el chofer, que poco inglés hablaba, responde “Aircon Is Broken”. Casi como una frase hecha que responde hasta el hartazgo. Entonces pasaríamos las próximas supuestas cuatro horas y media a 36° y subiendo.

Cuando miramos por la ventana el panorama no era más alentador: plantaciones interminables de palm oil o aceite de palma. Abrimos un paréntesis para contar que el aceite de palma es usado mundialmente para la elaboración de productos varios, desde cosmética, alimentos y cocina, entre tantos otros. A causa del uso mundial del mismo se talan diariamente miles de hectáreas de selva virgen (hogar de múltiples especies de plantas y animales en peligro de extinción) para cultivar extensiones inacabables de las palmeras. Por lo tanto, si te gustaría venir al sudeste y ver la selva virgen, la próxima vez que vayas a comprar evita los productos que lo contengan. Y si no pensás venir evitalos también por empatía colectiva y por preservar la selva, que cuando se extinga, no podremos respirar dinero. Fin del apartado político ambiental.

Empiezan a transcurrir las horas de viaje entre plantaciones de aceite de palma y lluvia intensa. Entre tanto y tanto, miro el celular en busca del mapa para saber aproximadamente por dónde vamos, es una de esas actividades que me entretienen durante los viajes largos. Y en una de esas veces, me doy cuenta que el colectivero agarró por un camino alternativo al recto hacia la ciudad donde nos dirigíamos. Me sorprendió, debido a que se veía que no llegaríamos a la hora pactada… Media hora después de la hora de la supuesta llegada (21:00), paramos en una terminal en el medio del camino alternativo y el chofer pide que los pasajeros bajen del colectivo. Sin entender mucho, debido a que lo comentó en Malayo, bajamos del autobús. Después de hablar y preguntar parecía ser que el coche se rompió. Entonces, en el medio de la nada, y sin saber cuándo llegaría otro autobús a recogernos, empezamos a recordar que teníamos una hora pactada con el Hostel para llegar y que nos esperaría exclusivamente a nosotres. Gracias a que nuestras amigas alemanas nos prestaron Internet pudimos avisar a la chica del Hostel y nos dejaría la llave en el Seven eleven (mercado) del costado, para que pudiéramos entrar y dormir esa noche. Perfecto, pero la hora de llegada máxima era las 12:00 de la noche, a causa de que el Seven eleven cerraba a esa hora.

Nos quedamos cerca de dos horas en esa terminal, siendo ya las 10:30 de la noche. Por fin llegó un autobús de recambio, subimos todes y comenzó a moverse tras largas risas entre el chofer, el chofer del bus anterior y algún que otro amigo que también se sumó a la risa. Parecía importarles poco el retraso en el horario e incluso la situación de los pasajeros. 

Comenzó a moverse, pero a los pocos minutos hizo una parada. No entendíamos muy bien lo que sucedía pero al cabo de 10 o 15 minutos lo comprendimos. El chofer del bus anterior subió con dos platos de comida listos para que él y el nuevo chofer no pasaran hambre. Tras esa parada, una nueva… no se iban a saltar el postre. Nosotres con la carrera contrarreloj instaurada en nuestra mente, no podíamos dejar de mirar el reloj y ver que marcaba 11:15, estabamos cerca de la hora pactada con el Hostel y se veía claramente que no llegaríamos. Así que nos dormimos un rato y nos despertamos ante el llamado de la estación Melaka, o lo que fuera que dijo. Era nuestra parada, pero estábamos tan dormides que no podíamos movernos. Pasaron nuestras amigas alemanas, y escuchamos “Bye”, situación que encendió todas mis alarmas, recogimos nuestras cosas rápidamente y bajamos del autobús. Eran 1:30 pasadas de la madrugada, por lo que decidimos que compartiríamos el taxi con nuestras ya íntimas amigas (es broma) y nos quedaríamos en el lugar donde ellas. Cuando el taxi se acercaba al Hotel, miro a Fabienne, que estaba sentada en el asiento de atrás, con cara de no entender la situación que estábamos viviendo. Era el hotel de más lujo en el que jamás haya estado antes. Entramos en la recepción con ellas y entre que ellas hacían el check in, mi cerebro reptiliano empezó a buscar alternativas mas baratas en la cercanía del hotel. Finalmente, terminamos quedándonos y dejando un presupuesto destinado a 4 noches de alojamiento por el cansancio acumulado que llevábamos. Lo especialmente divertido fue el pacto hecho esa noche, amortizaríamos el precio en el desayuno de la mañana siguiente, sin lugar a dudas…

Pensando si repetiria roti o croissant. Difícil decisión.

Y así fue, después de casi sacarle varices a las patas de la cama nos despertamos y desayunamos, no vamos a decir como dioses pero si como reyes, aunque abolimos las monarquías. Fue tan así, que no necesitamos ingerir ningún alimento hasta la cena posterior, amortizao!

Después del desayuno habia que amortizar el gym.. solo pa la foto, ni una serie.

Nos mudamos al hostel al que teníamos que haber ido y conocimos a Norma, una chica musulmana que con las diferencias culturales a flor de piel, se interesó por nosotres, intercambiamos historias y hasta le regalamos uno de los llaveros de Tioman que nos había regalado Nih.

Melaka como ciudad es una mezcla simpática de arte callejero, diversidad cultural como aún no habíamos visto, me animo a decir en la vida, una historia de colonizaciones por sus canales por parte de Portugueses, Holandeses, Ingleses y un par más, bastante turismo local y unas bicicletas coloridas y ruidosas que llevan a pasear a turistas que no tienen miedo a perder capacidad auditiva de manera permanente. En fin, una belleza única e irrepetible. 

Postales de las calles Melakenses.

Fortaleza colonial.

Arte moderno por deepavali (celebracion hindu).

Mujeres diversas retratadas en paredes.

El arte no es arte si no se comparte.

Gracias por llegar hasta acá y nos leemos en el proximo blog en la capital del pais, Kuala Lumpur.


















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